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martes, 26 de marzo de 2013
lunes, 22 de octubre de 2012
Los niños de la crisis
No quiero ser frívola ni ingenua ni ilusa. La crisis muestra una de sus caras más crueles con los niños. Este último año, 80.000 menores se han convertido en pobres. En total más de dos millones de niños, unos 2.267.000, viven por debajo del umbral de la pobreza.
Unicef España, en su informe titulado "La infancia en España: el impacto de la crisis en los niños", indica que son muchas las familias que no pueden pagar el comerdor escolar, ni una vivienda en condiciones, ni una alimentación de calidad, ni ciertos medicamentos, ni clases extraescolares. Los niños viven con los mayores la crisis, preguntan quién es la prima de riesgo y se preocupan por llegar a fin de mes.
Pero permitidme por hoy buscar lo positivo a la crisis que protagoniza la infancia de nuestros hijos. Os puede parecer contradictorio. Tal vez lo sea. Creo que los hijos de la crisis son también afortunados. Afortunados porque viven su infancia en un mundo que está cambiando, que se cuestiona todo, que debate cómo hacer ahora las cosas bien para no volver a "cagarla" (Perdón por la expresión).
Afortunados pese a todo porque, cuando papá o mamá pierden el trabajo vuelven a casa. No estaba previsto. Se pasa mal pero están en casa. Los hijos de la crisis pasan más tiempo con sus padres que los de antes. Y eso no tiene precio.
Afortunados también porque, cuando falta trabajo y escasea el dinero, reciben obligatoriamente una valiosa educación en la austeridad que apuesta por el auténtico valor de las cosas, combate los egoïstas caprichos e impulsa la creatividad y la solidaridad.
Afortunados por último porque sin perder la alegría propia de los niños, la crisis forja en ellos un espíritu responsable basado en el esfuerzo, el ahorro y la entrega a los demás.
Este reportaje de Antena 3 es un buen ejemplo de lo que digo.
viernes, 20 de abril de 2012
El mejor trabajo del mundo
Cuando se tiene unos días malos. Cuando la crisis entra en tu interior. Cuando no encontrar trabajo te hace pensar que no vales para nada. Cuando el trabajo del hogar se hace rutinario y cansa. Cuando no ves el fruto de tu esfuerzo. De pronto, una amiga, te envía un vídeo como éste y todo cambia. Abres las ventanas de tu casa. Miras al bebé. Sonríes. Te sonríe. Y piensas: éste es el fruto de mi esfuerzo. Lágrimas de emoción no te detienen. Sigues. Tiendes la ropa, haces la comida... Y tu madre, por teléfono, te recuerda: "Éste es tu trabajo". El trabajo más bonito del mundo.
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