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martes, 21 de febrero de 2012

Planazo: un baño con amigos

Es invierno, hace frío y, pese a todo, cuando hay que pasar la tarde con niños, no conviene descartar ningún plan aunque a priori parezca disparatado. 



A mi Black Berry llegan de media a diario una decena de fotografías procedentes del "chat wasapero" que comparto con mis amigas del alma. Como si nos encontrásemos en una cafetería, entorno a las nueve y media de la noche comenzamos a cotorrear. No pronunciamos palabra. Son nuestros dedos los que hablan a través de las teclas o pantallas táctiles de nuestros teléfonos. Mientras, los maridos nerviosos. Pero es superior a nosotras. Cotilleamos, compartimos recetas y, sobre todo, hablamos e intercambiamos instantáneas de nuestros hijos. 


Hace menos de una semana me sorprendió una foto enviada por Lupa: Javierete, su hijo, compartía baño con Lucía jr., la hija de Kikina, otra amiga del chat. Me llamó la atención la escena porque mis amigas no son vecinas; tampoco era un día especial en el que una le cuidaba el hijo a la otra o se quedaban a dormir. ¡Qué va! Era una tarde cualquiera en la que dos amigas había quedado y decidido bañar a sus hijos para pasar el rato y, de paso, volver a casa con el bebé limpito y finiquitao para el día siguiente.


No me pareció ni una idea brillante ni tampoco pensé en copiarla pero, casualidades o necesidades de la vida, han hecho que en los últimos 3 días, mi hija compartiera baño en dos ocasiones. ¡Y con dos varones, además! Primero, con Felipe, que vino el domingo a comer a casa con su padre. A mitad de la tarde, necesitamos nueva distracción para los niños mientras seguíamos con la tertulia. En lugar de tele, un baño ¿Por qué no? Esta tarde ha sido con Tomás, su primo. Mi cuñada me propuso directamente este plan y, como si de algo habitual ya se tratase, allá que nos fuimos: a darnos los baños. 



martes, 7 de febrero de 2012

¿Quién me cuida a mí?


El bebé transforma la percepción y el comportamiento inconsciente de la madre ante una entrevista de trabajo. Está claro que, con la que está cayendo, entrar en el mercado laboral ya es una lotería. Pero, con un niño en la retaguardia, es probable que intervengan nuevas dudas y planteamientos vitales y profesionales. Horario, condiciones económicas, familiares, sociales y personales son ahora examinados con lupa por la entrevistada que se hace preguntas como estas: 

¿Merece la pena dejar a tu bebé con otra persona? 
¿Cuanto vale emocional y económicamente dejar a tu bebé?
¿Mi salario - el salario de la chica =? A veces el resultado de esta resta es de unos pocos euros.  
¿Guardería y probabilidad de enfermedades? 
¿Con quién se queda el niño si se pone enfermo?

¿Compensa llegar a casa a las ocho de la tarde? 
¿Cuántas horas estaré con el niño despierto a lo largo del día? 
¿Y si planteo a la empresa un horario más flexible? 
¿Por qué en España no racionalizan los horarios de una vez por todas? Ésta sería para mi la mejor reforma laboral. 

¿Puedo no trabajar? 
¿El no trabajar es un lujo o un sacrificio?
¿Existe la auténtica conciliación o es una utopía? 
¿Y si trabajo como autónoma? 
¿Trabajar en casa o fuera de casa?
¿Lograré sacar horas en mi día a día materno? 

Cada madre se formulará estas y otras preguntas cuando se enfrenta la dicotomía familia-trabajo. Cuestiones q generan insomnio. Muchas se quedan sin resolver... 

lunes, 9 de enero de 2012

Con el niño a cuestas

Está claro que convertirse en padres te cambia radicalmente la vida. Ya no se puede seguir con el ritmo de antes. Menos juergas, menos tiempo para ti y para tus hobbies, menos viajes... Pero tampoco se puede decir que tener un hijo te corta las alas de la libertad.

A poco que tu bebé se porte bien se le puede llevar a más sitios de los que uno en un principio se podría haber imaginado. Con bebé se puede ir a la compra, de compras, a misa, a una exposición y a una boda. Es posible también participar en una visita guiada por la ciudad, tomar unas cañas con amigos y hacer una excursión monte a través. Incluso, si se tiene un poco de control sobre el niño y sobre el ambiente, es factible acudir a una reunión de trabajo o disfrutar de una magistral conferencia con el niño a cuestas.

Para ello, es imprescindible emplear el cochecito, la sillita, la mochila o el "kikuyu" apropiado a cada situación. 

Y aunque parezca una locura o se tema llamar la atención, os aseguro que no es para tanto. Ni se destaca tanto ni se molesta a los demás. Es más, son muchos los que agradecen la presencia del recién nacido. En cuanto al niño, si tiene las demás necesidades cubiertas y no está enfermo, suele estar encantado por salir de casa y, de momento, da igual adonde. Y si se pone pesado porque no le gusta estar en una tienda o en una sala de conferencias, siempre estás a tiempo de marcharte.

Yo todo esto ya lo he hecho con una niña de entre 3 y 6 meses. No me queda otra que llevarla conmigo si quiero seguir disfrutando de aquellos planes que me gustan. Sé que algún amigo se me echará encima con estos comentarios porque, todo hay que decirlo, Catalina es excesivamente buena.

Para prevenir la avalancha de críticas, felicito al que esté en desacuerdo conmigo y se vea absorbido por sus hijos. Es más gratificante su dedicación que todo aquello a lo que renuncia.