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viernes, 14 de septiembre de 2012

Hablan: El muñeco feo y malo

Tienen unos tres años. Saben hablar. Identifican objetos y otorgan valor a esos objetos. En este último punto está la potencia de la educación. ¿Qué valor damos a la vida, a las cosas y a nosotros mismos? 

Este experimento evidencia una dura y cruel realidad. Los estereotipos nos marcan ya desde niños. Y cuidado con ellos porque es posible que tu hijo se identifique con el muñeco feo y malo. 



martes, 26 de junio de 2012

El primer mal hábito



Fue a mis cuatro años cuando padecí mi primer mono. Toda la vida disfrutando de mi “caucho” en boca, succionando y succionando, y, de pronto, nada. Mis crueles padres me lo tiraron a la basura. A día de hoy recuerdo aquel desgarro. Sin embargo, no me acuerdo de la historieta que prepararon para que terminara mi dependencia al chupete.

Cuando nació mi hija quise evitar este tipo de drogas. En un primer momento pensé, nada de chupetes, nada de trapitos, nada de peluches, nada de nada. Hasta que en un momento de estrés una amiga me comentó: “Son muchos los beneficios que te aportará el chupete. Compensan con creces la lata que supondrá quitárselo”. Minutos después, Catalina ya se parecía a Maggie Simpson.

Pero esto del chupete no hay que tomárselo a la torera. La manera de acabar con su adicción puede ser muy traumática. A una niña sus padres le contaron que una gata se llevó su chupete para sus gatitos. Triste y aparentemente generosa fue asumiendo con el tiempo esta dura pérdida. Meses más tarde, mientras disfrutaba de un tranquilo paseo en familia en otra ciudad, encontró un gato. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó contra el animal y a gritos le reclamó su apreciado tesoro.  

Este escándalo tan sólo me genera una gran incertidumbre: ¿Cómo terminará la relación de Catalina con su chupete? Me acuesto pensando queno me veo con fuerzas para quitárselo. Pero… ¿las tendré algún día?


lunes, 18 de junio de 2012

Mejor cadera que la del Rey


Mientras nos sigan poniendo trabas a la hora de viajar en avión con nuestros hijos, (hecho que queremos cambiar desde No sólo comen y duermen con nuestra campaña de recogida de firmas), os recomendamos este estupendo artilujio para llevarlos cómodamente en brazos.

Se llama Hippychick Hipseat y es una especie de doble cadera para cargar con el bebé por la terminal sin arquearte tanto para sacar la tuya ni romperte la espalda. El invento se asemeja a una "riñonera" que enganchamos a nuestra cintura para colocar después al niño. Es ideal para los bebés ya mayores que no aguantan en la mochilita y que, sin embargo, tenemos que seguir cargando cuando se cansan de gatear o andar

Está recomendado para niños de entre 6 meses y 3 años que pesan un máximo de 23 kilos. Puede comprarse por Intenet en esta dirección a un coste de 39 libras.





lunes, 12 de marzo de 2012

Bebé, no te estreses


Nace el bebé y el tiempo se detiene. Termina el andar de aquí para allá de la ceca a la Meca. Se interrumpe el trabajo, las clases de restauración, de inglés y de pilates, el correr a hacer tal recado y tal otro, las reuniones semanales con este grupo y con aquel, el viaje de placer y el de trabajo... 

De alguna manera llega la tranquilidad. Sé que hay que dar de comer,  atender los llantos, despertarse de madrugada, cambiar pañales, bañar, vestir, acunar, pasear, cantar, sonreír... Sin embargo, pese a esta agotadora actividad, hay una rutina donde los minutos ya no importan. Pasan los días, el niño crece y la madre se siente bien, en paz. Tal vez nunca se había sentido así.

Es entonces cuando una se da cuenta de lo mucho que había estresado su vida con un agenda llena de actividades.

Este descubrimiento tiene lugar tras el nacimiento del niño. ¿Pero  cómo ha vivido el embarazo? ¿Mucho estrés? ¡Cuidado! Eduardo Punset en Redes advierte del sufrimiento del bebé en el vientre de su estresada madre. Este estrés llega a la placeta y a un niño que años más tarde podría tener TDAH (Trastorno por Déficit de Atención por Hiperactividad).  

Permitamos pues que nuestros hijos disfruten durante nueve meses al menos de la paz del "claustro materno", aislados del mundanal ruido en el que les tocará vivir. 





martes, 21 de febrero de 2012

Planazo: un baño con amigos

Es invierno, hace frío y, pese a todo, cuando hay que pasar la tarde con niños, no conviene descartar ningún plan aunque a priori parezca disparatado. 



A mi Black Berry llegan de media a diario una decena de fotografías procedentes del "chat wasapero" que comparto con mis amigas del alma. Como si nos encontrásemos en una cafetería, entorno a las nueve y media de la noche comenzamos a cotorrear. No pronunciamos palabra. Son nuestros dedos los que hablan a través de las teclas o pantallas táctiles de nuestros teléfonos. Mientras, los maridos nerviosos. Pero es superior a nosotras. Cotilleamos, compartimos recetas y, sobre todo, hablamos e intercambiamos instantáneas de nuestros hijos. 


Hace menos de una semana me sorprendió una foto enviada por Lupa: Javierete, su hijo, compartía baño con Lucía jr., la hija de Kikina, otra amiga del chat. Me llamó la atención la escena porque mis amigas no son vecinas; tampoco era un día especial en el que una le cuidaba el hijo a la otra o se quedaban a dormir. ¡Qué va! Era una tarde cualquiera en la que dos amigas había quedado y decidido bañar a sus hijos para pasar el rato y, de paso, volver a casa con el bebé limpito y finiquitao para el día siguiente.


No me pareció ni una idea brillante ni tampoco pensé en copiarla pero, casualidades o necesidades de la vida, han hecho que en los últimos 3 días, mi hija compartiera baño en dos ocasiones. ¡Y con dos varones, además! Primero, con Felipe, que vino el domingo a comer a casa con su padre. A mitad de la tarde, necesitamos nueva distracción para los niños mientras seguíamos con la tertulia. En lugar de tele, un baño ¿Por qué no? Esta tarde ha sido con Tomás, su primo. Mi cuñada me propuso directamente este plan y, como si de algo habitual ya se tratase, allá que nos fuimos: a darnos los baños



martes, 31 de enero de 2012

Las ruedas de la libertad



Después de defender que un hijo no corta "las alas de la libertad", sin embargo tengo que reconocer que creía que con él es imposible montar en bici. Hasta hoy. 

Una persona que me conoce muy bien me ha hecho descubrir un invento ingenioso y práctico que me llena de esperanza y refuerza mi teoría. Os presento al carrito-bici o la bici-carrito
P.D. Lo quiero.

lunes, 30 de enero de 2012

Bebé-maleta



Hay que mentalizarse cuando se viaja solo con un bebé. A pesar de que muchos hombres y mujeres de buena fe te ayudan durante la aventura, no son pocas las situaciones en las que hay que apañarse solo.

Por eso, conviene preparar un equipaje lo más austero posible. Una mochila será el bolso de mamá, la bolsa del niño y la maleta de los dos. Ropa y calzado cómodos que podamos reciclar a lo largo del fin de semana; dos potitos, un biberón, los pañales y toallitas contados, apiretal, leche y cereales en tarritos de viaje, neceser y dos mudas completan el equipaje.   

Con tarjetas de embarque y DNIs bien a mano, habrá que pasar por el control de seguridad. Menos mal que no llevamos botas porque nos obligarían a quitárnoslas pese a tener un bebé en brazos. Antes de pasar el arco, toca plegar la silla e introducirla con mochila y abrigos en el escáner. Pitamos. Saca la silla, ábrela y coloca al bebé. Chequeo, no vaya a ser que lleves droga o alguna pistola. "Todo bien, ya puede recoger sus abrigos y equipaje".

Ante tanto ajetreo no está de más llegar con tiempo al aeropuerto. De esta manera podremos tener la prioridad de embarque que muchas compañías no conceden a los pasajeros con niños. Tras la espera, toca subirse al avión. Antes, vuelve a coger al bebé y a plegar la silla. 

El viaje del niño en nuestro regazo puede ser desde una bendición a una tragedia. La diferencia estriba en el grado de somnolencia versus histeria del niño. Su llanto puede provocar el embarazo más incómodo de los últimos meses y para ello también es bueno mentalizarse. 

Pero el remate con el que muchos no cuentan llega tras el aterrizaje. La silla del bebé no espera a la puerta del avión. En aeropuertos como en el de Madrid obligan recogerla en la cinta de equipajes que, a veces se encuentra en otra terminal. Hasta llegar a ella, carga que te carga con el bebé, la mochila, los abrigos, el llanto y el cansancio. 


PD. Animo pues a todos los que sufran como yo vuelos con bebés reclamen al aeropuerto para que nos entreguen la silla a la salida del avión.