lunes, 9 de enero de 2012

Con el niño a cuestas

Está claro que convertirse en padres te cambia radicalmente la vida. Ya no se puede seguir con el ritmo de antes. Menos juergas, menos tiempo para ti y para tus hobbies, menos viajes... Pero tampoco se puede decir que tener un hijo te corta las alas de la libertad.

A poco que tu bebé se porte bien se le puede llevar a más sitios de los que uno en un principio se podría haber imaginado. Con bebé se puede ir a la compra, de compras, a misa, a una exposición y a una boda. Es posible también participar en una visita guiada por la ciudad, tomar unas cañas con amigos y hacer una excursión monte a través. Incluso, si se tiene un poco de control sobre el niño y sobre el ambiente, es factible acudir a una reunión de trabajo o disfrutar de una magistral conferencia con el niño a cuestas.

Para ello, es imprescindible emplear el cochecito, la sillita, la mochila o el "kikuyu" apropiado a cada situación. 

Y aunque parezca una locura o se tema llamar la atención, os aseguro que no es para tanto. Ni se destaca tanto ni se molesta a los demás. Es más, son muchos los que agradecen la presencia del recién nacido. En cuanto al niño, si tiene las demás necesidades cubiertas y no está enfermo, suele estar encantado por salir de casa y, de momento, da igual adonde. Y si se pone pesado porque no le gusta estar en una tienda o en una sala de conferencias, siempre estás a tiempo de marcharte.

Yo todo esto ya lo he hecho con una niña de entre 3 y 6 meses. No me queda otra que llevarla conmigo si quiero seguir disfrutando de aquellos planes que me gustan. Sé que algún amigo se me echará encima con estos comentarios porque, todo hay que decirlo, Catalina es excesivamente buena.

Para prevenir la avalancha de críticas, felicito al que esté en desacuerdo conmigo y se vea absorbido por sus hijos. Es más gratificante su dedicación que todo aquello a lo que renuncia.
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