miércoles, 7 de noviembre de 2012

Sugar, sugar







 Por Isabel 
16 años
Colaboradora canguro 
de No sólo comen y duermen




Estamos en la semana post-Halloween en la que por tus venas sólo corre el azúcar que no has dejado de ingerir a todas horas después de ir 'truco-tratando' de casa en casa.


Desde hace unos meses vivo en Port Charlotte, un pequeño county de Florida donde todavía seguimos en shorts y no nos hemos puesto el jersey. Por ello puedo decir que este año he vivido un Halloween de verdad. Un Halloween que me ha sirvido para darme cuenta del efecto de las chuches y dulces en los niños. El mismo 31 de octubre, en clase de Historia leímos un artículo sobre la obesidad infantil en Estados Unidos y propusimos métodos para combatirla.


Pues bien, el viernes por la tarde hice de canguro de dos niñas de 3 y 9 años. Aún emocionadas con Halloween, en cuanto llegué a su casa me enseñaron los disfraces que habian llevado y, sobre todo, el gran cuenco de chuches y chocolatinas que habian conseguido en el "truco o trato".



Al cabo de un rato la pequeña me dijo: "Tengo hambre, creo que necesito una chuche". Me levanté, fui a la cocina y le lleve un bol de uvas. Supongo que os podéis imaginar su cara cuando me vio llegar con fruta en lugar de chocolate. "Esto son uvas", dijo mientras empezaba a comerselas. Y la mayor me sorprendió al agredar: "La mejor y más dulce chuche de todas". Tras escuchar a su hermana, se comió todas las uvas y se levantó a por más.

¡Y qué me decís de los refrescos? Porque ya no son tanto los chocolates, como la cantidad de bebidas gaseosas las que les hacen sumar calorias y azúcar. Ayer tarde Rebeca (la mayor) y yo preparamos una limonada. ¡Le ha encantado! Sólo hemos necesitado limones, agua y bueno, un poquito de azúcar, pero más sano que cualquier otro producto industrial. Garantizado. Os animo pues a todos a degustarla de una buena limonada. No hay muchas cosas tan ricas y sencillas como la limonada, limón y nada.



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